viernes, 12 de octubre de 2012
Se quisieron por cada poro de su piel, con toda la fuerza de un huracán, tanto que ni te imaginas lo mucho que solía doler. Las palabras siempre los separaban, la distancia era un arma de doble filo con la que alguno no estaría dispuesto a luchar. Cada vez que llovía caminaban sobre el asfalto mojado y la cabeza se llenaba de historias inconclusas, de ganas de llegar a los brazos de alguien detrás de la puerta. Cuando salía el sol sólo tenían ganas de correr, y quién sabe, quizá tropezaban en el camino con la sombra del otro. Los días se volvían eternos, las ganas se disfrazaban de sonrisas imposibles de dejar dentro. Algún día se contará la historia desde fuera, como si no importara, como si fuese una aventura más dentro de este cuento, pero ahora todo sigue dando vueltas. Pasan como relámpagos los recuerdos, un beso en plena noche de julio, un día de viento al lado del mar, una noche fría entre calles desiertas, la música muy alta en el autobús, una guerra de cosquillas, las manos que juegan más de la cuenta, (des)encuentros por las mañanas… los nervios absurdos del primer día, los del segundo, el tercero y hasta el último. El infinito sigue estando lejos, pero en cuanto dos miradas se encuentran parece que pueden tener el mundo al alcance de sus manos. Las cuestas son cada vez más empinadas, los obstáculos más altos, los cuerpos más distantes, el frío cala más hondo a través de la piel y los suspiros tienen tantos significados detrás que faltaría toda una vida para descifrarlos. Sus mentes juegan a pensar que a pesar de todo no hay nada imposible, pero el corazón sigue estando escondido por miedo a naufragar. Y cierran las ventanas por si la tormenta los despierta de su sueño, pero todavía no hay espacio suficiente para dos en una cama, la libreta que está sobre la mesa tiene demasiados rayones, y con algo estropeado nadie se atreve a jugar.
Share this article!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario