¿Quién se podría negar a un abrazo de una persona tan…
tan… tan como él? En sus brazos me sentía perdida pero a la vez segura; me sentía tan
distinta. Y su perfume, ese perfume a hombre tan embriagante. Ese perfume que
hacía que mis ojos se cierren para que mi mente vuele hacia lugares donde nunca
había estado. Ese perfume que hace que pierdas el control de tu conciencia, de
tu cuerpo, de tus actos…

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